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Deporte


La actividad física y el deporte constituyen un capítulo fundamental en el tratamiento integral del paciente con hemofilia y debe contemplarse desde la infancia, ya que, el adquirir una buena potencia muscular lleva aparejado una protección articular, con relación a la presencia de menos episodios de sangrado espontáneo.

Los programas de asistencia completos en el hemofílico han propiciado, que la persona con hemofilia, pueda adquirir un mayor sentido de independencia, confianza y responsabilidad en sus actos, y les ha ofrecido la oportunidad de participar en actividades deportivas, mejorando su propia imagen y promoviendo un modo de vida independiente, un hecho impensable en el pasado.

Hasta finales de los 60, el planteamiento consistía en mantener al paciente hemofílico lo más inactivo posible, como medida de prevención del episodio hemorrágico. Como consecuencia de esta inmovilidad impuesta, había una perdida de tono y masa muscular, que facilitaba el inicio de un mayor numero de hemartrosis y lesiones articulares.

La mayoría de las personas implicadas en la asistencia a personas con hemofilia, están actualmente convencidas de la bonanza ejercida con la actividad física y la práctica del deporte, pero se difiere en que deportes son seguros y cuáles tienen demasiado riesgo.

En la infancia, la actividad física incluye la educación física escolar, cuya práctica es recomendada, ya que en colaboración con el profesorado, se evitarán las actividades o aparatos que impliquen riesgo de lesión. Por otra parte, en las primeras etapas de escolarización, los juegos no son demasiado competitivos, y todo ello, permitirá desarrollar en el niño, habilidad, agilidad, fuerza y resistencia que son vitales para una salud psíquica normal.

Antes de iniciar cualquier actividad deportiva es necesaria la preparación, como en cualquier sujeto sano, con el fin de prevenir la aparición de lesiones.

Existen factores de tipo extrínseco, como el peso corporal, la velocidad del movimiento, el numero de repeticiones, el equipamiento etc. y por otra parte, factores intrínsecos como las dismetrías de miembros inferiores, las anomalías de alineación, los desequilibrios musculares, la debilidad o la falta de flexibilidad, que pueden provocar bien por si solas o en combinación de varias, las lesiones por sobrecarga.

La flexibilidad es imprescindible en los niños, así como el calentamiento con estiramientos, periodos de descanso y valorando el número de repeticiones. La natación, el ping-pong, el golf, la marcha y la pesca son los deportes más recomendados, mientras que el kárate, la lucha, los deportes de contacto y el skateboard, son desaconsejados por la mayoría de los profesionales.

La selección del deporte ha de ser individual y entretenida, y en ningún momento se debe forzar a su realización. La elección es competencia de la persona con hemofilia, aunque pueda llevar a algunos errores, y el papel de los médicos y de la familia para esta elección, está basado en una información real. Es comprensible, que tanto los pacientes hemofílicos como su entorno familiar tengan dificultad a la hora de elegir un deporte, ya que la literatura es muy contradictoria.

En líneas generales, y como resumen podríamos decir que, los hemofílicos severos deberían evitar los deportes de contacto y a menudo utilizar terapia sustitutiva cuando realizan algún deporte que tenga algo de riesgo, aunque ya muchos pacientes, en la actualidad, reciben terapia profiláctica. Los hemofílicos leves y moderados tienen, por otra parte, menos propensión a hemorragias espontáneas y por tanto pueden realizar actividades más agresivas sin riesgo de hemorragias.


Cirugía ortopédica


La cirugía ocupa un lugar importante en el tratamiento del paciente hemofílico evolucionado, con el fin de resolver un problema funcional concreto, y cuando otras medidas conservadoras han fallado. Su elección debe ser individualizada y es de capital importancia que el tratamiento sea coordinado entre el cirujano, el hematólogo y el rehabilitador. Las técnicas quirúrgicas, más frecuentemente utilizadas, en los hemofílicos son: las sinovectomías, alargamientos tendinosos, artrolisis o desbridamientos articulares, osteotomías, artrodesis y prótesis
  • Sinovectomía Consiste en la resección quirúrgica de la sinovial hipertrófica, consecuencia de las hemartrosis de repetición. Está indicado, antes de proceder a la misma, el valorar la sinoviortesis, técnica menos agresiva y que consiste en la introducción de un radiofármaco, ácido ósmico o un antibiótico como la rifampicina en la cavidad articular, con lo cual, se provoca la fibrosis de la sinovial y por tanto, la reducción del dolor y de la frecuencia hemorrágica.
  • Alargamiento tendinoso Los más frecuentes son a nivel del hueco poplíteo, por contracturas en flexión de la rodilla y a nivel del tendón de Aquiles, para corregir un equinismo del pie.
  • Artrolisis Es una técnica empleada en hemofílicos jóvenes, con una artropatía grave de rodilla y en los que todavía no estaría indicada la colocación de una prótesis total, con la finalidad de aliviar el dolor articular y retrasar la intervención protésica.
  • Osteotomías En ciertas ocasiones, se observa en articulaciones de niños o jóvenes con hemofilia, la presencia de pérdidas de sus ejes normales que afectan fundamentalmente a las rodillas o tobillos y que pueden precisar de osteotomías de alineación, que consisten en fracturar el hueso deformado en un lugar idóneo, para después enderezar la articulación hasta una posición similar a la normal.
  • Artrodesis Es la fusión articular, y sólo se indica, en la actualidad, en los tobillos con la finalidad de paliar el dolor e incapacidad funcional, en casos de una artropatía intensa a dicho nivel.
  • Prótesis articulares En el paciente hemofílico adulto las prótesis de rodilla y cadera son las intervenciones protésicas más habituales. Son escasas las referencias bibliográficas mundiales en lo referente a las prótesis de otras articulaciones como hombros, codos o tobillos, posiblemente porque los resultados no son tan satisfactorios como en la cadera y rodilla.
El tratamiento rehabilitador postoperatorio está indicado en la mayoría de los casos, con un inicio inmediato o precoz a la intervención, y teniendo en cuenta, en todo momento, cual es la técnica quirúrgica empleada y si esta precisa de una inmovilización mayor o menor. Los objetivos buscados con la terapia física serán los de ganar o conservar la movilidad obtenida con la cirugía, evitar la aparición de adherencias, disminuir el dolor y en suma obtener la máxima capacidad funcional articular e integrar al paciente hemofílico en su vida normal.