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Hemofilia/vWillebrand y el virus de la hepatitis

El virus de la hepatitis C (VHC) fue descrito por primera vez en 1.989 por un grupo de investigadores americanos. Actualmente no se sabe a ciencia cierta del número de personas contagiadas por el virus, pero se calcula que la extensión del virus ha alcanzado niveles de importante preocupación social. En 1997 un informe epidemiológico de la OMS estimaba que el 3% de la población mundial se haya infectada por el VHC, lo cual significa que más de 170 millones de personas son portadores del VHC.

El virus de la hepatitis C es un virus de transmisión parenteral que se transmite a través de la sangre y derivados sanguíneos contaminados. Todo ello explica que la incidencia en pacientes afectos de coagulopatias congénitas sea muy elevado. El cribado en las donaciones por técnicas EIA y técnicas moleculares han eliminado prácticamente su transmisión por ésta vía. La transmisión en el seno familiar o entre personas que convivan con el afectado es prácticamente inexistente siempre que se evite el contacto con la sangre de personas afectadas de VHC.

Aunque las medidas de control que se han ido aplicando en las donaciones de sangre han hecho disminuir el riesgo de transmisión del virus, la hepatitis C continúa siendo un problema sanitario de primer orden ya que la infección cronifica en la mayoría de los pacientes, lo que explica que la infección por VHC sea la causa más frecuente de hepatitis crónica en el ámbito mundial. Se calcula que en un periodo de 20-30 años, entre el 10 y el 20% de los pacientes con hepatitis crónica por VHC habrán desarrollado cirrosis y además tendrán una mayor probabilidad de desarrollar un carcinoma hepatocelular o hepatoma (tumor hepático).

La infección crónica por VHC no evoluciona de igual forma en todos los pacientes. En los pacientes con infección por el VHC, la gravedad de la hepatitis crónica se establece mediante determinaciones periódicas de las enzimas hepáticas (transaminasas), pruebas de imagen y biopsia hepática. Sin embargo, la indicación de la realización de ésta ultima prueba debería establecerse de forma individualizada atendiendo al peligro que conlleva esta prueba en pacientes con coagulopatías (a pesar de la disponibilidad de factores de la coagulación) y a que no en todos los casos es estrictamente necesaria su realización.

Es muy difícil establecer a largo plazo la progresión de la enfermedad de manera individualizada, ya que intervienen muchos factores que influirán de una manera directa en la evolución. En líneas generales se puede decir que los niveles persistentemente normales de las enzimas hepáticas (transaminasas ALT/GPT y AST/GOT inferiores a aproximadamente 40 unidades internacionales), se asocian con una evolución lenta de la hepatopatía y, por lo tanto, son indicativos de un buen pronóstico. En cambio, las transaminasas elevadas, se asocian con un peor pronostico ya que éstos enzimas son indicadores de la lisis (destrucción) de las células del hígado.

Una vez diagnosticada la presencia del VHC en el laboratorio, la determinación de la carga viral y el genotipo del paciente se determinará el tipo de tratamiento a seguir. En la hepatitis C se han descrito más de seis genotipos virales, que se identifican por un número. El genotipo del VHC tiene especial importancia de cara al tipo de tratamiento a aplicar y la respuesta a dicho tratamiento.

El tratamiento antiviral puede parar o retardar la evolución de la hepatitis crónica C. En cualquier caso, la hepatitis C suele ser una enfermedad prácticamente asintomática y debe ser un médico especialista el que haga un seguimiento constante al paciente.

Actualmente los tratamientos para este tipo de afección están siendo más efectivos, con actividad probada. El tratamiento de elección, siempre que no haya contraindicaciones, es la combinación de interferon alfa, estándar o pegilado, más ribavirina. Sin embargo, es un tratamiento muy agresivo y no está exento de efectos secundarios (síndrome pseudo-gripal, insomnio, perdida de peso, alteraciones psiquiátricas, etc), que pueden obligar en algunos casos a la retirada del mismo antes del tiempo recomendado, independientemente de la respuesta virológica.

Se han publicado varios estudios piloto de terapia combinada en pacientes coinfectados por VHC y VIH y todos coinciden en que las tasas de respuesta a la terapia combinada en los pacientes coinfectados es similar a la observada en los pacientes no infectados por el VIH.